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QUÉ SE COME?

   
           
     

Es duro. Para un maracucho que se precie de tal, que ame la comida callejera y el exceso, vivir en Bogotá puede ser duro. Por ejemplo, aquí los perros son pequeños, les echan un poco de vainas (hasta dulce de piña), pero no llevan, oh desgracia, ni un gramo de nuestro adorado queso Cebú. Además, los maracuchos que vivimos en algún momento en Caracas, también añoramos el mágico concepto de la arepera. Acá si vos andáis rascao de madrugada por las calles de la ciudad, te pueden ofrecer algún perrito, si teneis suerte; pero jamás una buena arepa (imposible pensar en una “mechúa - pelúa”, de carne mechada y queso amarillo, la preferida de Neptalí Barrios). Y lo más probable es que te salgan con un “tinto” o “tintico” (café negro), o una “aromática” (especie de té de hierbas medio sebillúas).

Afortunadamente (también hay que decir lo bueno, no me vayan a botar de aquí, o digan ustedes que vivo como un infeliz), Bogotá cuenta con la cadena de venta de hamburguesas más sublime que he conocido en los últimos años. Se llama “El Corral”, y es una exitosa mezcla entre nuestro criollo “Chipis” y “Wendys”. ¡Qué verga tan buena, hermano! La carne es a la parrilla o a la plancha, y tienen una BBQ que es tan sabrosa, que el gran Carlos Labrador (Voz Veis), lo juro, en su última visita a esta ciudad le echó salsa a una ensalada que compró (estaba a dieta). Por si fuera poco, este sitio tiene una versión más sofisticada que se llama “El Corral Gourmet”, donde se pueden comer platos variados y hamburguesas con las mezclas más apetitosas. Hace unos días comí ahí junto al señor Sizuca, que visitó Bogotá por cuestiones laborales.

Esta ciudad también tiene un extenso y variado catálogo de restaurantes. Hay absolutamente de todo. Aquí cerca tengo varios, pero aún no me he embarcado en una de esas noches de alcurnia.

Y es aquí donde debo mencionar el milagro, la piedra angular de mis expediciones gastronómicas en la capital colombiana. El hallazgo maravilloso se llama “El Cartagenerito”. El sitio lo descubrí gracias mi amigo Neptalí, que en una mañana de ratón severo (el suyo; yo no sufro de eso) me invitó a desayunar ahí. La especialidad de la casa es la mundialmente famosa arepa de huevo (se fríe parcialmente, se le vierte dentro un huevo crudo y se vuelve e freír. El huevo se cocina dentro); que se come sencilla, con carne molida o con pollo. También se comen caribañolas (como la papita, se fabrica con yuca molida y harina), y se toman “gaseosas” y cervezas.

Pero lo mejor, lo realmente notable y de envidiar, es el amplio y eficaz servicio de “domicilios” con que cuenta Bogotá. ¡Todo se puede pedir! Desde un “pastel” (cachito de hojaldre), hasta una pizza gigante, una hamburguesa con papitas o una sopa. Y para los maracuchos, que comemos como salvajes y si es en la cama y sin cocinar mejor, este milagro de fin de semana es muy parecido a la felicidad. ¡Buen provecho!

   
                 
                 
     

   
      Sinar Alvarado    
     

sinardavid@hotmail.com

   
     

   
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